viernes 4 de diciembre de 2009

La Chona conoce a José Playo

Le limpié toda la comisaría a la yuta, le limpié. Por suerte, me ayudó Mr. Músculo.
Del Cacho y la Dora ni hablemos. Todavía les duraba el pedo.
Cuando terminé de encerar el piso de los calabozos me entregaron a los detenidos y nos fuimos pa’ las casas, nos fuimos.
Cuando llegamo’ les preparé un té de tilo a los dos borrachos y me tomé el palo pa’ el centro. Me quería comprar el último cidí de Carlitos “Pueblo” Rolán. El último que salió, por supuesto, que debía ser má’ o meno’ del año 1980.
Allá fui… a Vértice Musical. ¡Qué despistada que soy! Nunca fui muy buena pa’ el tema de la orientación. Hasta que al final, como a las siete de la tarde, decidí preguntarle a una pareja que estaba chapando en plena San Martín.
-Perdón que les corte el franeleo, pero… ¿me podrían decir dónde queda Vértice Musical?
-Seora, discúlpeme… pero según me contó mi papá, Vértice Musical cerró hace como quince años. Justo el día en que yo nacía – me respondió el mocoso.
-¡No te puedo creer! – me lamenté.
Seguí caminando sin rumbo fijo hasta que, dos cuadras más adelante, me paró un tipo. ¡Qué plato! Y pa’ colmo, playo. Si fuera hondo, vaya y pase… pero era playo.
-Discúlpeme, ¿pero usted no es La Chona? – me preguntó el buen hombre.
-Sí, io soy La Chona. ¿Y vo’ de dónde me junás? – le pregunté.
-Del blog – me contestó.
-¿Lo qué? – le volví a preguntar.
-Yo soy José Playo, creador de Peinate – me informó.
-Ehhh… momentito. ¿Qué te pasa a vó’ con mi cabeiera? – lo increpé.
-No, nada. Yo soy creador de la revista “Peinate que viene gente” y del blog con el mismo nombre. Y, a su vez, soy miembro del jurado en el concurso de blogs cordobeses en el que usted se anotó – me ilustró.
-Ajá – fue lo único que atiné a decir.
-¿Le duele mucho la espalda? ¿Cómo están el Cacho y la Dora? – me preguntó preocupado.
-¿Por qué me preguntai eso, Playo?
-Por el golpe que te pegaste en el baile y por la borrachera que se agarraron tu marido y tu amiga – me dijo luego de aclararme que lo había leído hoy en el blog.
-Bien. Esas dos porquerías están de diez – le contesté.
-¡Qué suerte! – exclamó.
-Che, Hondo… - continué.
-…Playo… - me corrigió.
-Como sea. Decime… ¿y cómo me ves vó’ en el concurso este de los blocks? – interrogué.
-Blogs, Chonita… blogs – me volvió a corregir.
Ya me estaban dando por las pelotas tantas correcciones, hasta que al final me dijo lo que io no quería escuchar.
-Mirá, Chonita. La verdad, no te voy a mentir. ¿Pero por qué no te abocás o te dedicás al bordado o a la costura o te metés de lleno en las tareas del hogar? Ni a palos vas con lo del blog – me dijo.
-Mirá José… ¿por qué no te tomás el palo antes que te dejé el culo playo a patadas? – le grité mientras le afanaba la escoba a un vendedor ambulante de la San Martín y lo corría al Playo este por todo el centro con la escoba en la mano.
Se subió al E7, en la 27 de Abril, antes de que frenara por completo y antes de perderlo de vista arrebaté de una cabinita de EMIR como dieciseis tiras de cospeles que se las arrojé desde lejos. Ahora voy a aprovechar el tiempo pa’ ver unos cursos de costura o, mejor, de repostería o, tal vez, de lencería erótica.
Ya voy a ver… ¡¡¡Qué concurso de blocks ni concurso de blocks!!!

miércoles 2 de diciembre de 2009

La Chona se va del baile

Cuando logré sacarme al borracho del Cacho de arriba mío, traté de disimular la caída y me puse a bailar de imediato. “Bum, bum, bum… a mover el bum, bum, bum…”
Le dimo’ meta baile como hasta las siete de la matina. Era de día, cuando se acercó uno de los encargados del lugar y nos invitó, muy amablemente, a retirarnos del Estadio.
“Ya estamos cerrando, muchachos”, nos dijo.
La guanaca de la Dora estaba lacia de chupada; del Cacho, mejor ni hablemos.
Salí a la caie y paré de un solo silbido un tasi.
“Aguantame un minuto”, le dije al chabón y me fui volando adentro pa’ sacar de a uno los chupados.
Primero la agarré a la Dora, la tomé del brazó y la metí dentro del tacho. Después hice lo mismo con el Cacho, pero cuando estábamos llegando al tasi me di cuenta que la pelotuda de la Dora había lanzado todo el auto.
Por suerte, el fercho no se había dado cuenta del percance, así que muy sutilmente le comuniqué que nos habíamos olvidado algo adentro.
-Disculpame loco… me olvidé a mi suegra adentro – le dije y el boludo me creyó.
-Como no, señora. Vaya tranquila – me respondió muy educadamente.
-La vieja borracha esa debe estar rechupadaza en algún rincón. No cambia más – aproveché pa’ darle con todo a esa vieja comegratis que nunca me banqué.
Y mientras yo trataba de bajarla a la Dora sin que el tasista se diera cuenta que la hija de puta esta le había vomitado todo el auto, al Cacho le pintó la agresividad.
-Chonita… dezime guien ez esde dipo - Los que hablamos el lenguaje de los curdas entendemos perfectamente lo que el Cacho quiso decir. Y aquí va la traducción: “Chonita… decime quién es este tipo”.
-Es el tasista viejo – le aclaré.
-Bodque zi ze esdá qeduiendo haced el pudenda, lo zudto ya. (Traducción: “Porque si se está queriendo hacer el pulenta, lo surto ya).
Y ahí, en un santiamén, se bajó el tasista del tasi. Era un flaco alto, medía como dos metros y medio.
-¿A quién vas a surtir vos, viejo borracho? – le preguntó al Cacho.
-A voz bodudo – le dijo el Cacho. (Traducción: “A vos boludo”).
Y el pobre tipo no se aguantó más. Le tiró una mano que le dio justo a la altura de la mandíbula. El Cacho parecía Rocky cayendo en el ring con un hilo de baba color borravino que se desprendía de su boca. El color de la baba no era por la sangre, no se asusten. Era un poco de vino que el Cacho todavía estaba saboreando.
-¡¡¡Ayyyy!!! – gritó el Cacho. (Sin traducción).
Cuando el chofer se las tomó, sin darse cuenta que tenía todo el tasi vomitado, largué a la Dora a la bosta y me fui a ver si el Cacho se había hecho algo.
-¿Te sentís bien, Cacho? – le pregunté.
-Ez… d’… i… a… - respondió.
Pero tantos años de estar juntos, de bancarnos todo nos aportaron un poder de comprensión que, a veces, sin palabras podemos entendernos.
Traducción de las últimas palabras del Cacho antes de enmudecer: “Estoy de maravilla”. Y luego se desmayó.
Con los dos pelotudos estos tirados en la vereda me puse a pensar qué podía hacer: “Mejor me voy a la bosta y cuando se despierten que ellos se las arreglen”, pensé.
Y eso hice. Me fui a las casas, me fui.
A las tres horas me sonó el celular.
-Si… ¿hablamos con Doña Chona? – se oyó del otro lado.
-Doña tu hermana – le contesté.
-Le hablamos de la ex seccional 11 – me informó la voz.
-¿De la sesional? ¿Qué pasa don Police? – pregunté.
-Aquí tenemos dos sujetos muy chupados que piden por una tal Chona – me dijo.
-Sí, esa soy io. Y los chupados son mi marido y una vecina muy amiga. En un rato estoy por allá señor Sheriff – le contesté.
-Ah, doña Chona. Cuando venga tráigase una esponjita Mortimer, un poquito de detergente, dos servilletas de papel y un desodorante de ambiente – me solicitó.
-¿Y pa’ qué todo eso, Sargento? – volví a preguntar.
-Porque estas dos mierdas me vomitaron y me mearon todo el patrullero. Va a tener que venir a limpiar. ¿Me entendió? – me prepoteó el azulado.
-Sí, mi General – respondí.
Le iba a preguntar si no me mandaba un móvil pa’ que me busque, pero no daba.
Me voy a preparar las cosas pa’ limpiarle toda la comisaría a don alguacil.
Pa’ colmo, no sé por qué, pero me duelen todos los huesos, me duelen. Es como si me hubiera pasado la procesión de San Expedito por encima.

domingo 29 de noviembre de 2009

La Chona va al baile

Cuando llegamo’ al baile, en la entrada me paró un urso de seguridad.
-Señora, la tengo que palpar – me dijo el grandote.
-Toque nomás – le contesté.
Y el encargado de seguridad se sorprendió cuando, a la altura de la cintura, sus manos empezaron a temblar.
-¿Qué es esto, doña? – me preguntó atemorizado.
-Slender Shaper – le informé.
-Lo va a tener que dejar acá – me aconsejó.
-¡¡¡Gracia’ Dio’…!!! – grité.
No aguantaba más esta mierda, no aguantaba.
Una vez adentro del estadio me atrapó una bella, dulce, delicada y suave melodía: “… ¿quiéééén… se ha tomado todo el vino… oh, oh, oh…?”
¿Cuánto tiempo ha pasado? Me acuerdo que antes me tenían que echar de los bailes. Y ahora no piso uno ni de milagro.
Y mientras la Mona seguía entonando ese mítico y entrañable himno (“¿quiééén se ha tomado todo el vino… oh, oh, oh…?), el Cacho parecía tener todas las respuestas a ese interrogante. Mejor dicho, todas las cajitas de vino que a la Mona se le habían perdido. El Cacho había entrado al Estadio del Centro totalmente ladeado, haciendo malabares como para que no se le caiga ni una gota de alcohol por ninguno de los agujeros de su cuerpo humano.
Cuando la Mona terminó la primera selección y mientras la Dora se había acodado en el buffet para comprar un vaso de vino tinto con Pritty, me acerqué al escenario y le silbé a la Mona.
-¡Eh, Chonita querida! ¿Cómo andás guacha? ¡¡¡Estás igual!!! – me dijo la Mona.
-Igual que vos, guanaco. ¡¡¡Estamos hechos mierda!!! – le contesté.
-Vení, vení. En la próxima selección subís a cantar conmigo. ¿Te acordás de las canciones? – me preguntó.
-Cómo me voy a olvidar de esa parte hermosa de mi vida, Monita.
Y me llevó al camarín para que me cambiara. Me dio una musculosa diminuta.
No me quedó otra que ponérmela. Fajada quedé. Parecía el Increíble Hulk cuando se le empieza a rasgar la ropa.
“No hay drama me dije. A contener la respiración y a cumplir con el sueño”.
Allá fuimos, rumbo a la segunda selección. Arrancamos con El Marginal. Yo le hacía coros a la Mona y bailaba.
No pasaron más de cinco minutos, que mientras hacía un pasito que la gente festejaba y cantaba “el marginal me llaman… el marginal…”, hago tres pasos para adelante, dos para atrás, tres para adelante, y… producto de la falta de luz y otros alcoholes, no me di cuenta que se me había acabado el escenario y me fui a la mierda.
Terminé revolcada en el piso del Estadio del Centro, arriba de una cajita de vino Cavic.
Pa’ colmo, cuando había iniciado mi caída me enganché en un clavo del escenario y ahí quedó incrustada mi bombacha, como si fuera una bandera de guerra.
Ante esto, todo el mundo se puso a cantar: “…La Chona se clavó… se clavó… La Chona se clavó…”
Cuando vino el Cacho a intentar levantarme, del pedo que tenía terminó cayéndose encima mío. Pa’ colmo, ni me reconocía y, borracho y todo, me hacía el verso con la intención de conquistarme.
-Viejo pavo… ¿no ve’ que soy io… La Chona? – le dije.
Y él ni siquiera me respondía. Era como que el coágulo había entrado en acción, o que las neuronas también se habían chupado.
Con la Dora no se podía ni contar. La muy turra estaba en la barra, tratando de levantarse al buffetero pa’ que le fíe un vino con Pritty.

viernes 27 de noviembre de 2009

La Chona va a una fiesta de disfraces

Por supuesto que esa noche dormí en lo de la Dora. No daba pa’ llegar a las casas y decirle al Cacho que le hice pomada la jubilación.
Al otro día, cuando nos despertamos, la veo a la Dora que estaba hablando por teléfono muy entusiasmada. Era su novio.
Cuando cortó, a las tres horas y media, me dijo: -Chonita… preparate que hoy tenemo’ una fiesta de disfrace’, tenemo.
-¿Lo qué? – le pregunté.
-Lo que escuchaste tarada. Yo ya tengo mi disfraz – me aclaró.
Claro, el problema ahora era mío. Yo tenía que resolver de qué mierda me iba a disfrazar. Y no era para nada fácil. Imagínense un disfraz pa’ semejante masa corporal.
La Dora me aconsejó que lo llamara al Cacho, para invitarlo. Me dijo que eso podía suavizar la tensión del asunto de la tarjeta y que con dos vinos encima el Cacho ya ni se acordaría de su jubilación.
-Hola Cachito… ¿Qué acelga? – le pregunté.
-Nada Chonita. Estoy viendo un partido: Sacachispas vs. Desamparados de San Juan – me informó.
-¡Qué instructivo lo tuyo, Cachito! – le reproché mientras la Dora me hacía señas pa’ que lo tratara bien. Había que dorarle la píldora en este momento.
-Escuchame Cachito… Hoy tenemo’ una fiesta de disfrace’, tenemo’. Yo voy a quedarme en lo de la Dora pa’ ver de qué nos disfrazamos.
-¿Y desde cuándo estás en lo de la Dora vó’? – me preguntó.
Ni cuenta se había dado el tarado de que yo me ausentaba de las casas desde ayer.
“Desde que te hice mierda todo el sueldo”, tenía ganas de responderle pero no daba.
-Na, Cachito… desde hoy a la mañana. Me vine temprano a tomar unos mates amargos con la Dora y nos colgamos dándole a la lengua.
-Bue… Quedate tranquila que yo me encargo de mi disfraz – me dijo el Cacho.
A las cinco de la tarde se me prendió la lamparita.
-¡¡¡Ya sé de qué me voy a disfrazar!!! ¡¡¡De la Mujer Maravilla!!! – grité fuerte.
Desde ese preciso momento y hasta las nueve de la noche no paré ni un segundo en la producción de mi vestimenta.
Cuando ya tenía todo listo, la imité a la verdadera Mujer Maravilla. Porque, en realidad, yo era la Mujer Maravía. Me miré al espejo, dí media vuelta como la súperchica y aparecí vestida. ¡¡¡Estaba fatal!!!
Sí, los yorcitos estaban al borde de la explosión, por abajo del topcito ese que usa la guacha se me escapaba el más rebelde de mis rollos y el cinturón que usa la Mujer Maravilla no me quedó otra que ponérmelo en el cuello. Era en el único lugar del cuerpo humano en donde llegaba a abrocharlo.
Allá partimos… a la partuza. Caímos con la Dora, que se había disfrazado de enfermera sesy.
A los cinco minutos apareció el Cacho, disfrazado de Batman. Más que Batman era Barman, porque en el pecho en lugar de tener un “murciégalo” tenía una boteia de ginebra. Apenas me vio no se pudo contener el guacho y me avanzó: “Vení mamita, engañemos a la Batichica”. Por supuesto que yo no me resistí.
A las dos horas de estar bailando y de entrarle a las empanadas, los sanguches y las cervezas el yorcito, mejor dicho el botón del yorcito dijo basta. “Hasta aquí llego yo”. Y salió impulsado como un boomerang que solamente va, para impactar contra el huevo derecho del Cacho, en este caso Batman o, para ser más correcta, Barman.
-¡¡¡Uy!!! ¡¡¡Qué dolor!!! – gritaron todos.
Les juro que hasta a mí, que carezco de vóvelin, también me dolió. Al Cacho le empezó a correr una fría y gruesa gota de transpiración por la frente y casi casi se descompone.
-¡Cómo se nota que a estos guanacos no le viene la regla todos los meses o que nunca en la vida han tenido un crío! ¡Eso es realmente dolor! ¡Tanto quilombo por un huevito!
Ya repuesto del incidente, seguimos bailando. Y justo en el momento que más divertido estaba y mientras yo danzaba “…Alza las manos si tu quieres bailar…”, levanté las manos y dí justo con la lamparita amarilla que iluminaba el lugar. ¡¡¡La quemé!!!
Fue entonces que cuando la desenrosqué para cambiarla vi claramente esa imagen. ¡Y les juro que no estaba chupada!
-Mirá Dora. Una V y una M - le dije sorprendida mostrándole lo que habían formado los filamentos de la bombita.
-Esa es una señal… Significa Virgen María – me dijo la Dora.
-No, boluda. Esto quiere decir Viva la Mona – la corregí.
Y en el acto comprendí el mensaje que me había caído desde el cielo. Yo debía ser bailarina de la Mona Jiménez. Me imaginaba haciendo las señas como el más grande: Villa Siburu, Alto Alberdi, Empalme, Villa Páez, Villa Los Cuarenta Guasos…
No pude más de la emoción. Le pedí el celular prestado a la Dora y hablé al Estadio del Centro. Sabía que la Mona estaba ahí esa noche. Y conocía el número de memoria; si habré reservado entradas con anticipación pa’ los bailes de Carlitos.
-Sí, hola… ¿Estadio del Centro? Yo quisiera hablar con don La Mona Jiménez. ¿Se encuentra? – pregunté.
-¿De parte de quién? – me volvieron a preguntar.
-De su próxima futura y encantadora Paquita. O, mejor dicho, en este caso Chonita.
-Deme un segundo. Ya la atiende.
A los diez segundos estaba hablando con La Mona.
-Diga – se escuchó del otro lado del teléfono.
-Hola Monita, soy yo… La Chona – le informé.
-Hola Chonita querida. Tanto tiempo. ¿No me digá’ que te separaste y volvés al ruedo? – me preguntó La Mona.
-No, Charly. Pero quiero bailar pa’ tu grupo – le conté.
-Bueno Chona. Vo’ sabé’ que con vo’ está todo bien. Llegate pa’ el estadio.
Los agarré del brazo al Cacho y a la Dora, me puse un alfiler de gancho en lugar del botón y salimos.
Mientras salíamos me paró un tipo y me dijo: “¡¡¡Qué buen baile!!! ¿Es rap o hip-hop?” Era el Slender Shaper. Hacía como tres días que lo tenía puesto y no sabía cómo apagarlo.
Las abdominales mías estaban mejores que las del pelotudo de Viloni, ese de 100 por Ciento Lucha.

miércoles 25 de noviembre de 2009

La Chona adelgazó

¡Tré’ días estuve en el hospital! Imagínense. No me quedó otra que bajar de peso.
¡¡¡Tré’ días a calabacín!!! Veo un calabacín y lloro.
Apenas llegué a las casa, lo primero que hice fue encerrarme en el baño. Agarré la balanza y me le paré encima, me le paré. Increíblemente la guanaca esta marcaba por debajo de los tres dígitos. ¡¡¡Se había arreglado!!!
Claro, cuando quise ponerme los Calvin Klein que el Cacho me había regalado pa’ cuando cumplí 33 me quedaban llorando, me quedaban. Cacé la blusa azul que uso siempre y me la probé. Era un lamento. Me bailaba.
Me paré, pensativa, frente al espejo y reflexioné: “No tengo qué ponerme”. “Estoy en pelotas”. Sin dudarlo ni un segundo más, empecé a manotear y a bolsiquear en los pantalones y los sacos del Cacho hasta que tanteé, intercepté, encontré, hallé un plástico.
Porque, convengamos que las mujeres tenemos un olfato especial para ese tipo de plásticos, los detectamos al toque. Y sí, cuando lo saqué del bolsillo efectivamente era el plástico que andaba necesitando.
-Hola Dora… ¿qué acelga? En cinco te paso a buscar así vamo’ al yopin. Vamo’ a reventarle la tarjeta al Cacho – la llamé por teléfono, en carácter de urgencia.
Cuando llegué con el tasi a la casa de la Dora ya estaba la loca esperando en la puerta, de punta en blanco. Porque también tenemos que reconocer que para lo único que somos puntuales las mujeres es para ir al yopin, de compras, a delirarnos la tarjeta o el efectivo. Da igual.
No se imaginan lo que fue nuestro paseo por el Nuevocentro. Fue pura felicidad. ¡¡¡Estábamos en el Paraíso!!!
Me compré una cartera y una más chiquita pa’ la Dora. Después me fui a Giordano a que me retocara un poco las grenchas y la Dora se hizo la permanente. Más tarde me compré un coiar, y pa’ la Dora un par de aritos. Fuimo’ al cine, a tomar un helado, a comer al Madonal’s.
Después volvimos al Giordano y tras gritarle “No me peguen… soy la Chona”, le pedimos que nos esculpiera las uñas. Al plástico, paradójicamente, lo hicimes de plástico.
Estaba de tan buen humor, en medio de mi terapia de compras, que hasta bromeé con las vendedoras.
-¿Con qué va a pagar? – me preguntaron cuando compraba el Slender Shaper, qué no sé en qué preciso momento lo voy a utilizar.
-Con Forni Card – sonreí.
-Usted se lo puede poner ya y mientras pasea por el shopping sus abdominales trabajan – me aconsejó la vendedora.
Eso hice. Parecía La Momia caminando por el shopping. Me temblaban desde la punta del dedo gordo hasta las pestañas postizas, me temblaban.
Cuando llegamo’ al Patio de Comidas se acercó una camarera y nos preguntó:
-¿Qué se van a servir?
-Dos ensaladas de la casa – pedí toda temblorosa.
-¿Se siente bien? – me preguntó la joven.
-Slender Shaper – le informé mientras me castañeteaban los dientes.
-Ah… es buenísimo. Yo también lo uso – me informó la joven muy entusiasmada.
Y se notó realmente que lo usaba cuando nos traía el pedido. Se ve que el roce del aparato con la bandeja hizo que el Slender Shaper pasara a un nivel más rápido, por lo que el temblequeo de la camarera aumentó considerablemente, perdió el equilibrio y allá fueron las dos Cocas Zero, las ensaladas de la casa… ¡¡¡y la camarera!!!
Una vez que terminamos de saborear las exquisitas y abundantes ensaladas de la casa (yo creo que la tapita de la Coca era más grande que el plato en donde estaba la ensalada) llamamos a la moza, que a esta altura estaba parchada por todos lados.
-¿Te hiciste algo querida? – pregunté un tanto preocupada.
-Me hice teta – me dijo la pendeja.
-Tomá, cobrate – le dije mientras le extendía mi brazo con el plástico en mi mano derecha; que ya a esta hora de la tarde el plástico ya estaba hecho de goma.
-Pero esta no es una tarjeta de crédito. Es de débito. – me dijo muy canchera la mocosa.
-Y bue… pa’ el caso es lo mismo. Cobrate de ahí. – le respondí.
Al cabo de cinco minutos la veo venir a la chica esta, que ya a esta altura no me caía tan simpática como al principio. Venía ya con la curita de la ceja derecha medio despegada, tapándole el ojo y esquivando mesas.
-Seora… no tiene saldo, no tiene – me dijo encabronada.
-Pelá la billetera Dora – le grité a mi compañera de compras.
Y haciendo pucheros, la Dora me murmuró: - No tengo ni un cospel Chonita.
-Bueno no importa. Tomá, quedate con esto pendeja y usalo con tu novio – le dije mientras manoteaba una de las bolsas que tenía un baby dol. Un baby dol en el cual podían entrar, por lo menos, tres pendejas del tamaño de la camarera.
Ya solucionado el asunto decidimos volver pa’ las casas, pero a pata. No teníamos ni pa’ el tasi. Cuando estábamos a mitad de camino entre el yopin y las casa me puse a pensar cómo habíamos pagado todas las cosas que habíamos comprado si esa no era una tarjeta de crédito.
Y en el acto, no pasaron ni dos milésimas de segundo, me di cuenta:
-Dora… ¡¡¡le hicimo’ bosta el sueldo, el aguinaldo y las asignaciones familiares al Cacho, le hicimo’ bosta!!! ¿Vo’ tení una cama de sobra en tu casa? ¡Yo a la mía no vuelvo ni mamada!




lunes 23 de noviembre de 2009

La Chona sigue a dieta

A ver… a ver… lunes: un tomate con una planta de lechuga. ¡¡¡Esto de la dieta me está matando!!!
A todo esto, yo creo que la falta de hidratos de carbono, la ausencia de los crollos nuestros de cada día, del caserito con chicharrón y de los fritos hacen que no oxigene bien mi cerebelo. Amigos, debo confesarles… me parece, no estoy segura… ¡¡¡que estoy perdiendo la memoria!!! Pa’ colmo, no me acuerdo ni cómo se llama el pibe este: Cholo… Chávez… Pocho… ¡¡¡Cacho!!! ¡¡¡Ahí está… Cacho!!! ¿Pero quién mierda es el Cacho este?
Sin embargo, los resultados son increíbles. A casi una semana de haber empezado la dieta y a base de sacrificio carajo… ¡¡¡aumenté un kilo y medio la puta que lo parió!!!
A veces me pongo a pensar, me pongo. ¿Por qué será? Y los otros días lo descubrí. Pueden ser por los churros que había encanutado en la mesita de luz y a los que cada tanto les pegaba un mordiscón, yo junto a unas cuantas hormigas que andaban por el cajón de la mesita.
Pero hoy me harté… “¡¡¡Queridas compañeras en lucha, vamos a vencer este obstáculo!!!” La Marta me miraba sin entender nada, como si Giordano estuviera diciendo que ahora se va a dedicar a la cocina.
-Mirá Martita. Hoy empezamos la actividad física – le dije.
-Ajá – me contestó la Marta, que se caracteriza por ser muy verborrágica.
-A las cinco de la tarde vamos a andar en bicicleta.
Five o’ clock parecía una inglesa como esperando a tomar el té.
-¡Qué puntual, Chonita! – me dijo la Marta.
-La balanza no nos va a ganar – le respondí.
Apenas me subí a la bici advertí que el pequeño, diminuto asiento se había enterrado en mi… Pa’ qué dar mayores explicaciones, si ya todos entendimos.
Llegamo’ al Parque de las Naciones hechas unas locas. Mis calzas amarillas estaban infartantes. Con decirte que hice caer a dos viejos pavos que iban corriendo. Y por mirar mis atributos, mis cualidades, los boludos se tragaron un árbol.
Cuando iba subiendo la subida del Parque y antes de empezar a bajar la bajada, noté que la bici me pesaba un huevo hasta que, de pronto, dos pibes me gritaron: “Che vieja huevona… sacale la patita sino no vas a llegar a ningún lado”. Eso hice y el viaje se hizo más liviano.
“Bue… por lo meno’ gasté un poco más de calorías”, imaginé. Pero ni bien terminé de pensar en las calorías gastadas sentí que no me entraba ni una gota de aire. Cuando recobré el conocimiento pude ver a la Marta, con todos sus kilos, y a las dos bicicletas encima mío.
Y ahí recordé todo. Dos segundos antes yo me olvidé de frenar y le toqué la rueda trasera a la Martita. La desestabilicé y nos hicimos mierda.
Por suerte, un buen vecino llamó al 107, el servicio de emergencias. “… para socorrer a viejas boludas, presione el 4”, decía el contestador del 107. Y el buen hombre presionó. Y, por eso, nos llevaron al Clínicas.
Y, como si esto fuera poco, parece que el tema de la dieta nos condena; me sirvieron un zapallito y medio calabacín de almuerzo.
Pa’ colmo, el chico este… el Cholo, Pocho, Chino… ¡¡¡el Cacho!!! El Cacho se me caga de risa desde la puerta.
-¡¡¡Dale viejo huevón… andá a comprarme un choripán!!!

jueves 19 de noviembre de 2009

La Chona a dieta

Después de ese desagradable suceso diarreico y de una jornada de colitis aguda me fui a apolillar. Al otro día, cuando me levanté, pensando que había adelgazado unos cuantos kilitos al haber ido tantas veces al ñoba, miré la balanza y superé el temor que le tenía. Me le paré encima y pensé “que sea lo que sea”.
Y fue lo que debía ser. La guacha andaba pa’ la bosta. Se descompuso justo cuando yo la tenía que utilizar. ¡¡¡La aguja marcaba tres dígitos!!!
Agarré la balanza de una, abrí la puerta del baño y me fui pa’ el service. Ni le contesté al Cacho cuando me preguntaba, tostadas en mano, a dónde iba. Salí echando humo… parecía el tren de las nubes.
Cuando llegué al service, lo encaré mal: -Don técnico, esta guanaca anda pa’ la mierda – le grité al buen hombre.
-A ver… veamos. ¿Qué le está pasando? – me preguntó.
-Mire, vea. Está pesando de más.
Y el muy sinvergüenza se sacó los timbos y se paró sobre la báscula.
-Señora, temo decirle que la balanza anda bien. Mire. Yo peso 78,200 y aquí me está marcando 78,400. Debe ser por las bolas de fraile que me comí en el desayuno – me informó el técnico.
-No puede ser. Yo se la dejo a esta cosa. Usted revísela bien. Yo vuelvo mañana – lo obligué a que revise el armatoste.
Al otro día cuando volví a lo del técnico el buen hombre me comunicó que sí, que evidentemente había un pieza que estaba desgastada.
-Mire Chonita. Le cambié esta piecita – me dijo.
-¿Vio? ¿Vio que algo andaba mal? – me sentí un poco más aliviada.
-Son 140 pesos – me largó.
Y no me quedó otra que pagárselos. Tanto había insistido en que la máquina esa tenía algo que ahora no podía decir ni mu.
Volví a casa pensando que este buen hombre me había arrancado la cabeza. “Un poco caro por un resorte de porquería”.
Apenas atravesé la puerta de entrada a las casa y mientras el Cacho me decía “Hol…”, yo ni lo miré y me interné directamente en el baño: “Ahora vas a ver guacha cuánto peso io. Decime la verdá’, batime la posta”.
Y fue ahí cuando me batió la posta: 104,200. ¡¡¡Más que ayer!!!
El técnico me garcó, gasté 140 pesos al pedo y encima cada vez peso más.
No queda otra, hay que aceptar la verdá’ por más dura que sea. Pero aún me quedaba una última carta para resignarme definitivamente.
Fui al ropero, cacé el vaquero que me había regalado el Cacho pa’ mi último cumpleaño’ e intenté ponérmelo. ¡¡¡Morada quedé!!! No me entraba ni en un tobillo. No podía ni respirar, no podía. Casi tenemos que llamar a los bomberos pa’ que me saquen los lompas de mi humanidad.
“Es hora de empezar la dieta”, pensé.
Y al otro día, al alba, estaba en lo del Dotor Cormillot, en Dieta Clú’.
-Aquí está su dieta, doña Chona – me dijo la nutricionista.
-A ver… a ver: desayuno, una tostada; almuerzo, un tomate; merienda, un diente de ajo; cena, una sopita – leía mientras puteaba por lo bajo.
Pero, les cuento, me la banqué y aguanté la dieta por… cinco horas, má’ o meno’. Tengo un humor de perros. Me quiero comer un buen choripan y de postre un kilo de helado de tramontana. Pero también tengo que hacer un esfuerzo, sino voy a llegar al verano con las dimensiones de una foca.
Mañana les cuento cómo terminé mi primer día de dieta. Porque, al final, los que van a pagar los platos rotos, con mi humor de mierda, van a ser el Cacho y el Ignacito. ¡¡¡Pobres ángeles!!!